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Catalina Bauer: Un discurso Sensible

24 de abril de 2024

Por César Gabler

Recientemente junto a nueve artistas, fue parte de la colectiva Memento Mori, liderada por Josefina Guilisasti en D21 y solo unas semanas atrás, presentó una segunda versión del proyecto colaborativo “La Cuerda Infinita” en el Bodegón de los Vilos. Una obra en curso, en la que decenas de artistas realizan una pieza que se une a otras. Cada una funciona como un fragmento independiente pero inseparable de los demás; perfecta metáfora de la obra de Catalina Bauer, quien concibió la idea, en pandemia. Porque a lo largo de las últimas dos décadas la práctica artística de esta reconocida artista ha incorporado la colaboración entre pares y el empleo abierto y sensible de las técnicas más variadas. Colaboración, investigación y pedagogía fueron la base del proyecto BLOC, una extinta empresa artística de la que fue fundadora junto a Gerardo Pulido, Rodrigo Galecio, Tomás Rivas y Rodrigo Canala.

En los últimos años ha trabajado poniendo énfasis en lo textil, pero sin cerrase a otras posibilidades. Danza, animación o pintura, han sido algunas de las disciplinas que han acompañado obras cuya poética se centra en la materialidad y la técnica. Un discurso sensible.

Como artista, partiste con la pintura, en qué momento das el giro al modo en el que trabajas hoy

Creo que nunca fui tan pintora, no lo sé. Uno va evolucionando sin darse mucha cuenta. Pero es cierto, en la escuela hice la mención en pintura y me titulé como pintora, pero paralelamente hice la mención en grabado, entonces de ese oficio también me formé y aprendí sobre los procesos, los tiempos, los traspasos. Siempre me han atraído mucho los materiales, experimentar y dejar que el trabajo se vaya definiendo en el proceso; en la manualidad. Me doy cuenta de que me quedo pegada en algo hasta encontrar una manera de hacer, una técnica, que me sirva para manipular el material y lograr transformarlo en otra cosa.

Lo colaborativo en tu trabajo aparece como un sello particular. Primero como estrategia de producción, segundo como acto performático y tercero -corrígeme si no- como un modelo de interacción social, como si a través de la creación artesanal, pudieran superarse barreras.

Si, en gran medida es así como tú lo describes, solo que – y perdón que te corrija, pero tú me dijiste que lo hiciera, jaja- las barreras sociales nunca han sido un factor determinante, puede que haya ocurrido en algunas ocasiones, pero no como algo que yo esté buscando. Tengo la impresión de que lo colaborativo se ha ido introduciendo en mi trabajo de manera natural, consecuentemente con las necesidades y los intereses del trabajo. Desde el requerir ayuda para poder instalar una obra de gran escala y trabajar en equipo, pasando por un interés en el cuerpo y lo performático, a enganchar con dinámicas colectivas, en las que las relaciones humanas, el conectar con las personas y compartir ese espacio creativo es muy importante. Para mí es un modelo de trabajo que me saca de mi zona de comodidad y que me exige mucho más. La verdad es que no quisiera pensar lo colaborativo como un mero sello de mi obra. Más bien, insisto en ponerme en ese lugar para seguir moviéndome y aprendiendo.

Tal vez por lo mismo conservo mi otro espacio de creación, más íntimo y personal. Voy alternando entre las dos formas de abordar mi trabajo, eso me proporciona un equilibrio muy saludable, aunque quizás no tan fácil de explicar si pensamos el trabajo de los artistas como cuerpos de obras super coherentes y uniformes.

Todo lo que rodea al mundo textil es parte esencial de tus obras: materiales, técnicas, formas, pero también las resonancias sociales y culturales…

Sí, tú lo has dicho, para mi es como un gran paño que abarca todo orden de cosas, y me cautiva y me interesa cada vez más el hecho de que sea algo que podemos pensar de manera tan amplia. Volviendo a lo que te comentaba recién, el textil justamente me ayuda a entretejer todas mis ambivalencias.

Cuéntame de tu relación con Cecilia Vicuña. Has compartido con ella y la consideras -además- un referente.

Cecilia es una artista muy inspiradora y una persona tremendamente generosa. Admiro profundamente lo apasionada y coherente que ha sido toda su vida. Uno ve entrevistas de ella jovencita y te das cuenta de que sus preocupaciones fueron siempre las mismas, que ha sido férrea en seguir su intuición, visionaria, estudiosa, talentosa y muy libre. Me alegro mucho de que esté recibiendo todo el reconocimiento que merece.

Yo diría que sobre todo ha sido una influencia para mí en eso, en aprender a confiar en uno y seguir adelante con lo que uno cree que es lo que tiene que hacer a pesar de no siempre estar a tono con su contexto.

En tu exposición individual más reciente, en Factoría Santa Rosa, reapareció la pintura en un lenguaje que aproximaba, abstracción y paisaje. Había en ellas algo meditativo y hasta místico. ¿Cómo fue tu proceso para arribar a esas obras? ¿Cómo evalúas el resultado?

Hacía varios años que tenía ganas de pintar, de trabajar con colores y crear imágenes más bien figurativas. Creo que fue algo gatillado por reencantarme con la pintura, y volver a mirar o descubrir artistas que antes pasé por alto. El 2016 en mi exposición “Espías en el fondo del mar” en Galería Die Ecke, incluí una serie de dibujos, esgrafiados sobre cobre, que ya iban en esta dirección; te lo comento para dar cuenta de lo lento que se cocinan a veces las cosas. Cuestión de la que he tomado conciencia hace no tanto tiempo.

El año pasado mostré parte de una serie de acuarelas que hice durante la pandemia. Trabajé con lo que tenía en el taller, las acuarelas de mi hija menor y un fajo de papel couché. Por las cualidades de este soporte la manera de aplicar la acuarela era muy distinta, ya que se secaba sobre la superficie del papel, en vez de absorberse, como normalmente se trabaja este medio. Entonces podía remover, recuperar blancos, empujar esta especie de barrito de color y generar líneas… Me pasé muchas horas haciendo y deshaciendo, disfrutando el proceso, que era bastante espontáneo por lo mismo. Mi intención era trabajar sin una imagen muy precisa en mi mente y ver qué aparecía. Las imágenes van desde referencias a la naturaleza, hasta espacios interiores, arquitectónicos, raros. Pero también las imágenes son el resultado del movimiento de mi mano, disfrutando el estar pintando, es una mezcla entre hacer y dejar que se haga.

¿Cómo las evalúo? Les tengo mucho aprecio a esas acuarelas, si son buenas o malas no estoy muy segura, pero tiendo a pensar que hay algunas que valen la pena.

¿Cuáles son tur proyectos 2024?

En este momento estoy con el proyecto La cuerda infinita en el Bodegón Cultura Los Vilos, muy feliz con ese resultado, ha sido un proyecto que me ha traído muchas alegrías, y que tengo toda la intensión de continuar indefinidamente. Este año estaré participando en varias colectivas y trabajando en una posibilidad de intervenir un espacio público que ojalá resulte. Y en paralelo haciendo mis tutorías que son un espacio de conversación entre pares que me nutre mucho.